La nueva moda en secuestros exprés te dejará loca

La realidad de un pueblo maravilloso en manos de un tirano ignorante

Recientemente hemos recibido en nuestra redacción varios emails que narran la historia de mujeres que han sido víctimas de las deplorables acciones de los delincuentes mas desalmados que puedan existir. Igual que si de la moda o la belleza se tratara, el sector de la violencia y la ilegalidad también evoluciona y tiene sus propias “modas”. De hecho llegan hasta límites insospechados en estos tiempos.

Nos ha llamado especialmente la atención un caso en concreto de una venezolana afincada en Madrid. Damaris (34 años) huyó de su país agotada y exhausta por los altos índices de violencia y porque lo último que le pasó en Caracas fue lo más fuerte que vivió en su vida nunca. Este hecho definitivo en su vida le obligó a refugiarse en nuestro país para encontrar la paz y relajación que desde hace más de 10 años no tiene en el país bolivariano. Esta historia refleja la realidad y opresión a la que esta sometido un pueblo que amamos y con el que nos sentimos especialmente unidos y familiarizados. Españoles, colombianos, venezolanos y un largo etcétera de nacionalidades colaboran en esta revista cada día por lo que su sufrimiento es indiscutiblemente nuestro. Esto es lo que le pasó a nuestra amiga:



Cuando el secuestro llama a tu teléfono

– Soy venezolana y me siento muy orgullosa de ello, eso quiero dejarlo claro. Provengo de una familia acomodada que consiguió su estatus social a base de trabajar al cien por ciento. Somos seis hermanos y mi papá apenas pudo vernos crecer porque todo su tiempo lo dedicaba a trabajar en una imprenta familiar. Al principio, allá por los 90 y cuando había mucha corrupción pero se vivían los años dorados de mi país, apareció una figura política totalmente nueva, original y muy simbólica. Era Chavez y su discurso. En aquel momento nuestra empresa iba bien pero como es lógico, queríamos seguir creciendo. No sabemos qué pasó que el Comandante Hugo nos enamoró en un primer momento. Creímos todo lo que predicaba sin imaginar en ningún momento lo que nos depararían los años venideros y 15 años después llegó el desastre.


No podíamos comprar en el extranjero, la inflación hizo imposible que vendiéramos y no podíamos ni si quiera arreglar la maquinaria de nuestro negocio. De repente lo que había sido una empresa solvente se había convertido en una ruina obsoleta y por la que nadie pagaría ni un bolívar. En paralelo a nuestra particular crisis, una crisis global que arrastró a todo el pueblo. Comienza la inseguridad a inundar las calles, los malandros toman el control de la ciudad y nos despertamos cada día con el sonido de las sirenas de las ambulancias y escuchando en las noticias cuántos muertos ha habido en la noche anterior. Un caos.

Los secuestros se convierten por otro lado en el pan de cada día. Imposible que tu hermano, mamá o amiga se retrase cuando tienen una cita porque siempre piensas en lo peor como un robo con asesinato o en el mejor de los casos un secuestro. Es una tortura diaria soportada por un país entero y que en ocasiones se te pasa por la mente que eso a ti no te puede pasar. Hasta que pasa… Un 8 de octubre de 2013 recibimos una llamada en el teléfono de mi papá. Habla un hombre con voz afónica y tono muy firme que nos informa que mi hermana Alejandra está secuestrada por él y su grupo. Se encuentra confinada en una jaula en la que apenas cabe sentada y está amordazada y maniatada. Por su liberación nos exigían 1,000,000 de bolívares y nos daban un plazo máximo de 24 horas para juntar el dinero. Ni que decir tiene que obvio que mi papá comenzó a llamar a sus amigos, colegas de profesión e incluso algún proveedor de confianza para pedirles prestado el dinero. Tuvo que vender dos máquinas muy costosas por apenas el 20% de su precio real para poder conseguir el millón de malditos bolívares. Nos quedamos sin negocio pero recuperamos a mi hermana pequeña.



Después de la tormenta no siempre llega la calma

– Fue horrible pero lo superamos. Pensábamos que mejorando las medidas de seguridad como manejar siempre con alguien al lado o evitar las salidas nocturnas estaríamos a salvo. Pero eso no fue así. Una tarde y 1 año después estaba paseando debajo de mi casa con mi perrita Sasha. Intentaba que hiciera “sus cosas” sin alejarme mucho de la puerta de mi residencia. De hecho he de decir que nunca me sentí insegura porque mi edificio está en una zona muy buena de Caracas y nunca había pasado nada por ahí. Sin embargo y en un descuido percibí que un carro (coche) se detenía a mi lado. De él bajo un hombre que no tenía nada de malandro (a simple vista). Cuando se acercó a mí sacó de la cintura una pistola y me encañonó con ella. Me quedé en shock y no pude hacer nada. Cuando se acercó a mí y mientras me apuntaba con la otra manó tomó la correa de mi perrita y retrocedió de nuevo a su carro. Se introdujo en él y se fue. No tardó ni una hora en sonar el teléfono de mi casa. Afortunadamente Sasha llevaba su collar que tenía inscrito su nombre y el teléfono de casa por si se perdía. Era un hombre de nuevo, pensé en un instante que habían matado a mi perra o que la habían entregado a algún tipo de organización que las usa para peleas caninas, ¡Ay no por dios! Estaba muy nerviosa. Cuando contesté a la llamada el maldito me dijo que había secuestrado a Sasha y que si quería recuperarla tenía que pagarle medio millón de bolívares en un plazo de 24 horas o mataría a mi perrita. ¡El mundo se me vino encima! No es justo. No lo era y no podía casi ni quedarme parada (de pie). Mis papas estaban a mi lado. En cuanto escuché la cifra no supe cómo decírselo a ellos. No había pasado ni un año desde que Alejandra había sido rescatada y ya no teníamos apenas ingresos. Era horrible y yo estaba al límite. 

Por suerte mi hermano Mateo estaba en España desde hacía 8 meses. Cuando de verdad sentimos la crisis y nos estalló la violencia encima abandonó Venezuela. Tenía la firme idea de aprovechar su juventud, encontrar un trabajo y crear su propia familia. Por desgracia estaba en el punto de mira de mucha gente del gobierno por mostrar públicamente sus ideas opositoras al régimen dictatorial que vivimos en mi país en sus redes sociales. Así que le llamé rápidamente. Yo no sabía cuánta plata era esa cantidad en euros ni si él podría dejármela para poder pagar al maldito delincuente. pero mi hermano me sintió tan triste y tan mal que no dudó ni un segundo en dejarme esa cantidad a pesar de que para él era un dinero importante. Sasha era una mas en nuestra familia, fue mi regalo cuando cumplí 20 años. ¡Acto seguido llamé al malandro para pedirle mas tiempo! Necesitaba dos días para poder recibir la plata y accedió no sin advertirme que no me daría ni un minuto más de 48 horas. 




Durante las primeras 24 horas y hasta que llego el dinero lo pasé fatal. No pude dormir pensando en que podían estar haciendo daño a Sasha. Le rogué que me mandara fotos de ella y que me demostrara que estaba bien pero no obtuve nunca respuesta. El segundo día y una vez recibí el dinero le volví a llamar y me citó a la entrada de un barrio horrible del este de Caracas. Obvio fui con mi papá y con Rodrigo, mi hermano que a pesar de tener 17 años se le ve un hombre muy grande ya. La operación de rescate fue muy parecida a la de Alejandra. Aparece un hombre caminando que recoge tu dinero y se va. A los cinco minutos (cuando ya contaron la plata) aparece otro hombre diferente con Sasha… ¡Me moría de amor! Mi perrita volvía a mis brazos después de dos días horribles. Por fin la pesadilla había finalizado. 

No tardé más de una semana en empacar todas mis cosas y preparar una maleta gigante para dejar Venezuela. Ponía rumbo a Madrid para reunirme con mi hermano y comenzar a vivir juntos y en paz esa vida a la que también en Caracas teníamos derecho pero que un maldito dictador decidió arrebatarnos. Vendimos mi carro a un precio elevado ya que en mi país todo está caro y con la platica que me gané compré mi billete rumbo a “Cumplir mis sueños arrebatados” Y lo más importante: ¿Sabéis a quién me traje? ¡Sí! A Sasha, a mí perrita amada que es mi mejor amiga en este país que todavía desconozco pero que amo tanto como Venezuela.

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